COMPORTAMIENTO

¿Problemas de concentración? Este puede ser el motivo

 

Capítulos:

  1. Motivos por los que un niño tiene problemas de concentración
  2. Estrés y ansiedad en niños
  3. ¿Qué puedo hacer si a mi hijo le cuesta concentrarse?

 

La capacidad de concentración de tus hijos no siempre está en su mano. Hay factores hereditarios, ambientales y socioculturales que pueden estar derivando en problemas de concentración y muchos de estos tienen solución.

 

Motivos por los que un niño tiene problemas de concentración

 

Nuestro cerebro tiene hasta siete tipos distintos de atención. Unos consisten en que estemos permanentemente alerta mientras que otros se basan en mantenernos concentrados en una actividad concreta. 

Tus hijos, a medida que crecen, van entrenando las vías atencionales para aprender a ignorar estímulos irrelevantes y lograr mayores periodos de concentración, de forma que con la edad irán consiguiendo mayores periodos de atención sostenida. 

De todas formas, cada cerebro 🧠 evoluciona a su ritmo. Es por esto que podemos notar muchas diferencias en la capacidad de concentración en niños y adolescentes de la misma edad. Diferencias que pueden mantenerse incluso en la edad adulta.

Cuando la dificultad a la hora de mantener la atención es persistente y acompañada de hiperactividad e impulsividad, es conveniente visitar a un profesional de la psicología que evalúe si estamos ante un caso de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Aún así, el TDAH no es la única causa de problemas de atención.

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Estrés y ansiedad en niños

 

Los distintos mecanismos atencionales del cerebro están muy vinculados a nuestras emociones. Si algo supone un peligro 🔥  va a captar muchos recursos atencionales de nuestro cerebro para protegernos. De esta forma, nuestra atención más básica, aquella que presta atención constante al entorno, nos hace levantar la mirada de nuestro libro si de repente se cae la estantería del salón.

La ansiedad, el miedo y el estrés 😖  se procesan de forma similar en el cerebro. Este va a prestar atención a un edificio en llamas, pero también a otras cosas que nos generan malestar como una discusión con un ser querido.

Si tu hijo tiene muchas preocupaciones, miedos u otros estresores que deriven en ansiedad, los sistemas de atención van a reclutar muchas partes de su cerebro para pensar en aquello que puede suponer una amenaza. Las preocupaciones de tu hijo pueden ser más o menos racionales, pero si están causando un escenario de ansiedad permanente es muy posible que esté dando problemas para concentrarse  y cumplir sus tareas.

 

¿Qué puedo hacer si a mi hijo le cuesta concentrarse?

 

Atender al estado emocional de tu hijo puede ser determinante en su salud mental. Conocer si está pasando por un periodo de estrés y detectar los motivos es el primer paso para evaluar si necesita ayuda de un profesional de la psicología. Este podrá darle herramientas para gestionar la ansiedad que llevará con él toda la vida.

Si, por el contrario, se trata de algo eventual con factores estresores claros como periodos de exámenes, 📚 hay algunas cosas que pueden ayudar a superar estos periodos y controlar los problemas de concentración. 

Por un lado están aquellas cuestiones que deben formar parte de la rutina ⏰  de tu hijo y que ayudarán a dar una estabilidad a su estado emocional.

  • Respetar el descanso es fundamental. El sueño es el periodo en el que el cerebro desecha aquellas sustancias que entorpecen su funcionamiento y consolida los recuerdos y aprendizajes. También es fundamental para una buena regulación del metabolismo corporal.
  • Cuidar la alimentación. Una dieta alta en azúcares y ultraprocesados nos puede dar altibajos en el estado de ánimo a lo largo del día afectando tanto a las señales de apetito y saciedad como a la estabilidad emocional.
  • Introducir el hábito de lectura. Leer a diario en un contexto de ocio y no de estudio es una forma agradable de entrenar la atención sostenida. 
  • Asegurarnos de que practican una actividad física diaria adaptada a ellos para ayudar a regular los niveles de estrés.
  • Caminar. Además de la actividad física que practican regularmente, tener todos los días un mínimo de 20 minutos de paseo al aire libre es un hábito muy beneficioso para despejarnos, activarnos y conseguir una mejor concentración.

Por otro lado están aquellos trucos que pueden ayudarnos a organizar 📝  las jornadas de estudio para hacerlas más dinámicas y atractivas:

  • Animarles a organizar la semana repartiendo las tareas según prioridad y complejidad de forma que no carguen mucho un día de trabajo o dejen cosas para última hora.
  • Indicarles que si diversifican la jornada de estudio y alternan las materias tendrán más variedad de estímulos y se cansarán menos.
  • Hacer listas de objetivos para gamificar el tiempo de trabajo.
  • Dejarles explorar qué método de estudio se ajustan más a ellos: esquemas, estudiar en voz alta, hacer dibujos, subrayar texto, mapas conceptuales, etc.
  • Aconsejar que reserven espacios de 10 o 15 minutos entre tareas para distraerse hablando, jugando o con cualquier actividad que les ayude a desconectar.

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